


«Somos intolerantes a la frustración, porque vivimos dominados por la inmediatez y creo que 2018 también ha sido un poco así»…
Es terrible el hecho de que vivamos, según dicen, en un mundo civilizado y en una sociedad moderna. Obviamente, lo dicho se basa en que creo que cada vez se carece mas de principios; esto me lleva a pensar que vivimos en una sociedad en la que vale todo. La persona piensa de una forma, obra de otra y habla de otra bien distinta, de lo que se desprende que se arrastra un mal crónico como es la hipocresía colectiva.
Somos intolerantes a la frustración, porque vivimos dominados por la inmediatez. Si algo no sale rápido es frustrante, y no nos damos cuenta que el éxito personal y profesional, muchas veces se basa en los errores, de los que debemos aprender. De sobra es conocido por todos que muchos de nuestros inventos actuales, de esos que consideramos fueron esenciales para el avance de una sociedad moderna, se basan en el ensayo, y muchas veces en el error.
El concepto de frustración se define como el sentimiento que se genera en un individuo cuando no puede satisfacer un deseo planteado. Ante este tipo de situaciones, la persona suele reaccionar a nivel emocional con expresiones de ira, de ansiedad o disforia, principalmente.
Considerando como un aspecto inherente a la vida humana el hecho de asumir la imposibilidad de lograr todo aquello que uno desea y en el momento en que se anhela, el punto clave, reside en la capacidad de gestionar y aceptar esta discrepancia entre lo ideal y lo real. Así, el origen de la problemática no se encuentra en las situaciones externas en sí mismas, sino en la forma en la que el individuo las afronta. Se entiende, desde esta perspectiva, que la frustración se compone tanto de una situación real ocurrida como de la vivencia a nivel emocional elaborada a partir de dicha situación.
La adecuada gestión de la frustración deviene una actitud y, como tal, esta puede trabajarse y desarrollarse; la frustración es un estado transitorio y, por ende, reversible. De esta manera, una adecuada gestión de la frustración consiste en entrenar al individuo en la aceptación tanto del evento externo -lo que ha ocurrido- como del interno -la vivencia emocional de ello-.

Pues extrapolando esa sensación, creo que también es cierto que vivimos momentos convulsos, y que parece que desde la situación de crisis económica que vivimos en España, las cosas parece que vayan yendo de mal en peor, y eso provoque nuestro comportamiento, competitivo, inhibido, introspectivo, antisocial, irracional, a veces, e incluso violento en muchas otras, (ejemplos de esto último, por desgracia los vemos todos los días).
Si, es cierto que los estímulos externos tampoco ayudan. En un año que ahora termina la sensación a nivel global-mundial, como a nivel nacional, para mí, y entiendo que para muchas personas más, es de desasosiego, a caballo entre la indignación y la incertidumbre; y en ello la sociedad civil cada vez pinta (pintamos) menos.
Pero no es menos cierto que la intolerancia ha echado raíces profundas en nuestra sociedad, y sino…. Para muestra un botón. (ojo que los pongo en el orden que me vienen a la mente, no van ordenados para mí de mayor a menor importancia, ni nada de eso; y, cuando hablo nacional, es nacional, no nacionalismo que es la perversión del patriotismo, y que ahora se mal usa tan frecuentemente, no me vayan a tildar ahora, de algo que no soy, que está muy de moda…, veís?; la inmediatez…, juzgar al otro sin conocerle):
Actualmente, a nivel global, podemos destacar una serie de problemas de la sociedad española que tienen graves consecuencias en la frustración, que han dominado este 2018; y que no abordamos:
El desplazamiento forzoso de millones de personas en el mundo. Para que te hagas una idea de la magnitud del problema, en la actualidad existen 65 millones de personas desplazadas, por lo que las crisis humanitarias se multiplican.
No existen soluciones sencillas para un reto tan complejo como el de la gestión de los flujos migratorios. Pero lo peor que se puede hacer es abordarlo desde el buenismo simplón, máxime cuando se tienen responsabilidades de gobierno. En ese caso, la demagogia no tarda en volverse contra uno como un bumerán. Es lo que le está pasando a Pedro Sánchez, que ya ha confundido a todo el mundo y decepcionado a muchos de los suyos con sus vaivenes, sus gestos propagandísticos y sus contradicciones en este delicado asunto.
Y es que el mismo presidente que ha llegado a La Moncloa presumiendo de generosidad con la acogida del Aquarius y que defiende –sin estudiar la situación siquiera– la eliminación de las concertinas de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, ha sido el mandatario que, codo con codo con Macron, ha abogado en el Consejo Europeo por la creación de «centros cerrados de acogida» para migrantes que, como hoy publicamos, son cuestionados por juristas y ONG ya que incumplen las leyes básicas que rigen en España. En esos centros, que se ubicarían en países voluntarios, se recluiría sin distinción a migrantes por motivos económicos y a solicitantes de asilo; y a adultos y menores de edad. Todos por un tiempo indeterminado y en condiciones alejadas de los parámetros que exigen los derechos humanos. Se plantea, por tanto, un gran debate ético. Pero, mientras, deja en evidencia el doble rasero del presidente del Gobierno ante el desafío migratorio.
Ejemplo de contradicción, pienso una cosa, hablo otra y obro de otra, lo que provoca la inmediatez. No hay política migratoria, todo es como en el rugby: “patada a seguir”, y así “tente mientras cobro”. Y es esa inmediatez, la que provoca frustración, la que llega al español, con una percepción casi siempre negativa. “nos quitan el trabajo”, “nos están invadiendo”, “no cotizan”, etc….
Los más jóvenes, por ejemplo, son los que más respalden la política migratoria que está llevando a cabo Italia. Son los más castigados por el desempleo y por la temporalidad, los que más ven a los inmigrantes como competidores en el mercado laboral; dicho lo cual, aproximadamente el 71% de los españoles no cree que los inmigrantes amenacen nuestros empleos, algo extremadamente positivo. Sin embargo, tampoco creen (64%) que la inmigración contribuya a crear empleo. De esta forma, la mayoría de la sociedad española obvia una de las ‘ventajas’ de la globalización: que buena parte del crecimiento de las economías se debe a la contribución directa de la inmigración.
Los españoles tampoco tienen claro si los inmigrantes pagan impuestos o no. La mayoría piensa que contribuyen poco. La realidad, sirve de ejemplo, el País Vasco, es en donde los extranjeros empadronados aportan más ingresos a las arcas públicas que el gasto que suponen para el sistema de bienestar social.
Hay total división de opiniones en el hecho de si los inmigrantes sobrecargan nuestro sistema público. La información objetiva se aleja de nuevo de la percepción subjetiva de la ciudadanía española: la población inmigrante consulta un 7 % menos al médico de cabecera que la española y solo el 8,6% de las prestaciones por desempleo son otorgadas a personas inmigrantes frente al 91,4% de la población española. Metroscopia para Fundacion Por Causa.
Ahora bien, en los asuntos que miden las raíces de la convivencia, es donde se observa con más claridad que a los españoles la presencia de la inmigración les empieza a representar un problema. Empieza a vincularse con la delincuencia y menos con la diversidad cultural, a pesar de que los datos aludidos contradicen esta afirmación.
Y por qué?: La historia de la humanidad es la historia de las migraciones. Todas las personas han migrado y, por consiguiente, todas las personas tenemos genes mestizos. Lo queramos o no. Lo neguemos o no.
Ya hemos aclarado un punto, las migraciones nos han afectado y nos siguen afectando, a todos. Pero, ¿Por qué migra la gente? La gente migra para vivir. Migra por miedo. Migra para cambiarse y cambiar el mundo.
¿Se puede acabar con la migración? Es difícil, pero no imposible. Lo que entendemos como migraciones siempre va ligado a razones laborales, porque cuando existen otras razones se utilizan eufemismos como turismo, visitas, etc. Para acabar con las migraciones debemos descubrir por qué empiezan. Las personas migran siempre para tener una posición socioeconómica mejor de la que poseían. Si las personas arriesgan sus vidas para mejorar es porque sus situaciones en sus países de origen eran muy precarias.
Acabar con las migraciones empieza acabando con la pobreza, la desigualdad, la guerra, la corrupción y la discriminación. Y como desde los inicios de las sociedades modernas, ésta utopía parece inabordable; El discurso del miedo es un as que todos los gobiernos tienen para controlar sus poblaciones. Si no hubiese ningún malo en las películas, no habría tampoco bueno y ello restaría votos. Algunos partidos han ganado elecciones gracias al terrorismo que utilizan sigilosamente. Otros aseguran su continuidad. Si no hubiese ese chivo expiatorio culpable de todos los problemas que afectan a las personas no habría malos gobernantes. Si no hubiese manipulación política y mediática no habría ni malos políticos y, además, se fomentaría el discurso de la paz y la lucha contra las desigualdades.
El ser una persona humanista que critique el mundo actual y fomente la igualdad y justicia, no me impide tener la opinión contraria a las migraciones. No soy partidario de que existan personas, que para vivir dignamente, se jueguen sus vidas. No soy partidario de la discriminación ni de la precariedad. Pienso, que las personas deberíamos tener una vida digna en los lugares donde nacemos. Necesitamos ser sujetos activos para nuestros gobiernos. Y eso se consigue con la transparencia, la fraternidad, la justicia, la igualdad y la empatía.
Pero entre tanto la inmediatez del problema que devora la actualidad, no deje de abordarse desde la improvisación, la frustración en este tema seguirá existiendo desgraciadamente en 2019.
Otro de los grandes temas del año ha sido como en el anterior la independencia de Cataluña. No nos engañemos, el desafío secesionista existe. El golpe de Estado anterior se cortó radicalmente y nadie consideró que entrar en el Parlamento gritando y con una pistola en la mano fuera un hecho no punible, por ser, por ejemplo, un hecho teatral, aunque, eso sí, de muy mal gusto. Puestos a buscar excusas se pueden buscar, hasta considerar que fuera una broma pesada o una locura pasajera. Pero no. Como es lógico y natural, desde el primer segundo no cupieron interpretaciones posibles. Sin embargo, hay una gran diferencia con el actual, en el que estamos desde hace nueve meses -con interrupción provisional del 155-, viviéndolo en directo, liderado, organizado, promovido, patrocinado y ejecutado por el propio poder constituido y los partidos que le soportan, que además, gracias a la Constitución, puede presidir la Generalidad y, para más inri, representa al propio Estado y a sus leyes.
Si las reglas del juego constitucionales dictan que ante esta situación debe de aplicarse el 155, ¿porqué no se hace?, y si es preciso reformar la constitución, que debe adaptarse a otra realidad de la sociedad española, ¿Por qué no se hace?.
Nadie me negará que el no tener rumbo, el no saber, si eres español, catalán, vasco o europeo del sur, y sobre todo, si se pueden desafiar las leyes, como lo están haciendo, leyes que nos hemos proporcionado nosotros mismos; incide en esa tolerancia baja a la frustración.
Gracias Laura Moreno de Lara, eso es ser español, me identifico Laura Moreno de Lara. Tu percepción es extraordinaria para reflejar mi argumento, que al final el ser español se disfruta no se impone, y que hay una España para todos y en donde cabemos todos, desde la reflexión y el apoyo, y no con mentiras y “topicazos”, inanes. Pero también desde el respeto a las leyes.
El sentimiento de pertenencia a un país, cuando decía en el párrafo anterior que se disfruta, significa que ese disfrute es opuesto a la disforia, a la frustración, no se basa en la inmediatez de conseguir lo que yo quiero, ahora, ya, en este momento, y si no tiro de CDR.
Continuará……