
La lealtad institucional y el sentido de Estado no son, o no deberían ser, incompatibles con la crítica al Gobierno y con las libertades de prensa y de expresión.
Ultimamente, compruebo con desagrado, decepción y hasta con tristeza, como algunas opiniones, (desgraciadamente para mí, incluso de amigos, a los que tengo mucho aprecio desde hace muchos años) en redes sociales, van en la línea del “o conmigo”, o “contra mi”. Y digo desgraciadamente porque al final de dichas opiniones incluso te invitan a dejar de ser “seguidores”, en sus muros, olvidando quizás que por encima de las ideologías, están los valores, y no contentos con ello, y por si fuera poco, te califican, sino piensas como ellos, de “neoliberal” o “facha”.
NO consigo distinguir el porqué la tradición del debate que nos dimos en la instauración de la democracia de 1.978, ahora es deslealtad hacia el gobierno y sus gestiones con la crisis del COVID-19.
A mi no me importan las caceroladas, que tanto revuelo han armado, (porque soy pragmático, y creo que son como los tambores de los indios, que mas buscan ruido que otra cosa, las veo lejanas, aunque las respeto); no me importan los aplausos (puedo pensar en la hipocresía que supone aplaudir, a quien lo merece, como no, cuando luego salgo a la calle de forma indiscriminada, sin respetar la distancia de seguridad, provocando lo que luego pueda suponer volver a someter a un calvario como el que han sufrido a quienes se aplaude, aunque lo respeto).
Dicho sea de paso, tampoco me gusta, ni comparto que se diga que el Gobierno es responsable de las muertes, pues eso es una salvajada, ningún Gobierno ni dirigente, puede, en este caso, responsabilizarse de ello, pero, por el mismo motivo tampoco entiendo porque no se puede decir que su gestión está siendo mala, sin que se le tache a uno de fascista, se le aplique la censura, o se le diga que no haya que hacer caso, pues la mayoría de las afirmaciones son bulos.
Criticar al Gobierno parece que despierta, engorda, agranda al virus. Te dicen algunos políticos, algunos periodistas, algunos amigos, que parece que chistaban menos, o no les parecía mal criticar, cuando el ébola o el 11M o el Prestige, o la que fuera su cacerolada.
Por lo visto, lo que engorda, hace más letal y rápido al virus son las críticas a Sánchez, y a su Gobierno. Las críticas a Sánchez despiertan al virus como la alfombra a los acaros, como la mosca del verano, como el perro del vecino, y luego hay que aguantar a un virus todavía peor, que es el de que te tachen de apisonadora, propagador de bulos, y demás lindezas, por no pensar igual, por no pensar como los que apoyan a Sánchez . Las críticas al Gobierno engordan al virus, le dan poder siquiera momentáneo, como a Popeye las espinacas.
El Gobierno, los que piensan como el Gobierno, y aquéllos que se apuntan al carro de lo que dice el Gobierno empezaron a pedir la censura antes que las mascarillas los respiradores, y los test, que no terminan de llegar, y que es lo que debería importar, no las críticas. Sánchez-Iglesias, (extraño binomio forjado a sangre y fuego del rédito político), y los que piensan como ellos, tapándonos la boca, o al menos intentándolo, no acusan de deslealtad, que sería lo lógico, por animar a desobedecer al Gobierno, por saltarse el estado de alarma y montar fiestas ibicencas o puentes playeros o romerías de sudor y porrón. Ni siquiera porque el personal se ponga ideológico cuando hay que ponerse científico. En realidad, es el Gobierno el que aprovecha esta situación apocalíptica para explicar su modelo del mundo.
Asi que, ya veís, no llamo al gobierno asesino, como a mi sí me tildáis, de inoculador del miedo y el odio, por decir lo que pienso, tampoco critico la gestión del Gobierno, pues efectivamente en muchos casos a ver quien es el guapo que se pone a lidiar con este toro, impredecible, imprevisto y que ha destapado carencias en nuestro sistema sanitario, y en otros sectores. Pero sí, tengo espíritu crítico, para opinar sobre dicha gestión.
Pero, lo que si que estoy hasta los co…si se me permite, si critico, si me revelo, contra la mordaza, contra lo que considero un ataque personal, por pensar distinto. Se me tilde de agitador, crispador social, facha, neoliberal, que uso una tragedia para hundir una opción política (por cierto no hay opciones si solo hay pensamiento único). Efectivamente en los anteriores casos el enemigo es desconocido, un virus, pero el virus del pensamiento único, si que no es desconocido.
¿Por qué no se pueden pedir explicaciones sobre la gestion, como se han pedido, en la crisis del ébola, en la del yak 42, el 11M, o el prestige?, ¿porque aquello era válido, y esto no?, ¿porque de aquello si se podía hablar, y de esto no?. ¿Porque ahora, solo vale que el responsable del miedo y la traición patria es la oposición, desleal, y/o el civismo, los ciudadanos?, No, cuando alguien gobierna, y sobre todo cuando hay problemas, hay que ser mas escrupuloso que nunca, mas vigilante que nunca, hay que pedir mas transparencia que nunca.
Así que lo siento, si en su día no estuvo bien la política social del PP, a mi juicio, con el rescate de los bancos y no de las personas, teniendo una política social, nula, hay que decirlo, y por ello no soy un comunista, un estalinista, o la “madre del cordero”. Por eso ahora yo quiero saber:
Si es verdad que ha habido tanto compras fraudulentas de material médico, como adjudicaciones fraudulentas.
Si es verdad que ha habido o está habiendo, adjudicaciones de nuevos cargos, direcciones y subdirecciones a dedo.
Si es verdad, que se han puesto en marcha indultos de secesionistas (condenados como tal por la justicia).
Si es verdad, que se modifica el padrón para validar hasta las cuevas y las cavernas, intentando con ello que okupas puedan obtener la famosa renta mínima, o se pueda manipular el censo electoral para manipular elecciones.
Si es verdad que ha habido o está habiendo subvenciones millonarias a televisiones y a publicidad institucional.
Si es verdad que ha habido o esta habiendo geolocalización hacia los ciudadanos que atente contra el derecho a la intimidad.
Si es verdad que se ha despenalizado o se intenta despenalizar las injurias a la corona.
Si es verdad que se ha intentado eliminar a las clases pasivas.
Si es verdad que se eliminan o se van a eliminar los colegios de educación especial.
Y sobre todo, si es verdad que todo esto es verdad, y se ha hecho al amparo del Estado de Alarma, que da plenos poderes al Gobierno.
Una vez que se sepa, porque eso se llama sentido de Estado, y sentido del buen Gobierno, por parte de la percepción de un ciudadano, se podrá hablar de si el Gobierno o la oposición, han hecho bien o mal, si ha sido asesino o genocida, si ha habido propagación de algo mas que un virus, como es el miedo o el odio, y si nuestra critica es irresponsable.
Sánchez-Iglesias, el extraño binomio, y los que pensáis como ellos, sus votantes, y no me critiquéis por decir esto, supongo que no os parecerá bien que la hemeroteca diga que eran enemigos irreconciliables y que uno jamás pactaría con el otro, para formar Gobierno, …y de ahí al abrazo, porque criticó lo que constato.
Decía, los que pensáis como ellos e insultáis por no apoyar a fé ciega; llevaís toda esta crisis queriendo hacer pasar las decisiones y errores políticos por ciencia, y ahora también queréis ejercer la censura exactamente igual, como pura ciencia. El virus no es peor, ni más peligroso, con las críticas al Gobierno, sino con sus equivocaciones y dilaciones, que continúan sin que Sánchez se conmueva demasiado, ni por la realidad ni por los reproches.
Asi que no soy facha, no soy neoliberal, no estamos en una dictadura, y quiero pensar y opinar libremente, sin que me insulten o quieran dejar de ser mis amigos en sus muros; soy pragmático, porque soy pequeño empresario que me cuesta mucho sacrificio, cada mañana, continuar, y porque creo en que la verdad nos hace libres, en que el debate es sano, y en que la crítica o denuncia contrastada, nos hace ser una sociedad avanzada, justa e innovadora.
Por eso con todo el dolor de mi corazón, no me gustaría salir de vuestro muro, pero os pido que no nos pidáis más el aplauso, que la obediencia, no nos digáis que os importa más él aplauso que la obediencia. El presidente, y este gobierno no quieren obediencia y lealtad, que ya las tienen, sino encima una ovación unánime que suene a ningún reproche a ninguna voz en contra. Lo que ocurre es que el virus, como las crisis no se matan con aplausos, y fé ciega.