“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos”.
ANTOINE DE SAINT-EXUPERY
Si pensamos en nuestra vida, nos daremos cuenta de que los sentimientos nos han ayudado a ir adaptándonos a las circunstancias.
Las emociones son señales que nos informan sobre cómo estamos relacionándonos con las personas que nos rodean y con las cosas que nos toca vivir. Además, los sentimientos son pistas para actuar, porque nos indican las acciones que podemos hacer para vivir de la forma que queremos.
Por ejemplo, sentir alegría o satisfacción, es señal de que nos encontramos bien con nosotros mismos y con nuestra vida porque estamos haciendo cosas que nos gustan y caminando en la dirección que deseamos. También es una pista para seguir actuando de esa forma, aportándonos energía y ganas para continuar en esa dirección…
Emociones como la tristeza o angustia nos pueden ayudar a descubrir que algo en nuestro entorno nos está afectando, que tenemos necesidades no satisfechas o que hemos perdido, o corremos el riesgo de perder algo que nos importa. De este modo, estos sentimientos, aunque dolorosos, son señales importantes que nos informan de que algo no va bien. Y también son pistas para ponernos en marcha para adaptarnos, recuperar nuestra dirección o compensar lo perdido.
Es importante saber que no siempre nuestros sentimientos dolorosos señalan que nos hemos alejado de nuestras metas y objetivos. A veces, el dolor, la angustia o la tristeza son el reflejo de que el camino hacia nuestros objetivos, hacia lo que nos importa en la vida, no suele ser un camino de rosas… ¡también hay espinas!.
Así pues vivir la vida como queremos vivirla, caminando hacia nuestras metas y valores, suele tener costes. Nuestras emociones dolorosas a veces son el reflejo de los costes que tiene vivir.
Nos ponen en contacto con lo que nos importa en la vida.
Son señales que nos pueden informar sobre si vamos en la dirección deseada o nos estamos alejando del camino de nuestros objetivos y valores.
Son pistas para la acción, para reorientarnos cuando nos hemos salido de ese camino, para ponernos en marcha y recuperar nuestra dirección, actuando de forma coherente con nuestras necesidades, objetivos y valores.
Las emociones dolorosas, a veces, son el reflejo de los costes que tiene caminar en la dirección elegida y deseada.
Informan a los demás sobre cómo nos sentimos. Los demás perciben nuestro sentimiento y pueden actuar en consecuencia.
Las emociones agradables, fruto de las experiencias satisfactorias que vivimos, tienen mucha relación con una buena salud.
Cuando estamos contentos porque hemos tenido experiencias, agradables y con significado para nosotros, nos solemos sentir con más energía y notamos menos los dolores y achaques.
Cuando experimentamos y expresamos más alegría, satisfacción, amor… en definitiva, más emociones agradables, como consecuencia de una mayor cantidad de experiencias satisfactorias en nuestras vida, tenemos más posibilidades de:
Si las experiencias que tenemos y las acciones que llevamos a cabo nos llevan a estar tristes, preocupados o angustiados durante mucho tiempo, o con demasiada frecuencia… entonces parece que cualquier molestia se hace más evidente, nos encontramos más débiles o vulnerables. Acumular emociones desagradables, puede llevarnos a desarrollar una peor salud.

Experimentar durante mucho tiempo o con mucha frecuencia, o no expresar sentimientos negativos como la tristeza o la rabia, como consecuencia de vivir de forma repetida experiencias insatisfactorias o desagradables, puede llegar a:
» Ocasionarnos problemas de salud.
» Empeorar la salud del “sistema de defensa” de nuestro cuerpo ante las enfermedades.
» Disminuir nuestro interés por el cuidado de la salud.
» Prolongar el tiempo de recuperación después de alguna enfermedad, problema de salud u operación quirúrgica.
Impulsarnos a “abandonarnos”, a aislarnos del mundo y de los demás y llevar estilos de vida poco sanos.
Si tenemos emociones dolorosas que duran demasiado podemos hacer mucho para evitar “enfrascarnos” y quedarnos atascados en las experiencias desagradables que son fuentes de tristeza o angustia.
Las emociones forman parte de nuestras vidas y podemos hacer mucho para “aprovecharlas” de forma que nos ayuden en nuestro día a día.
Las personas que piensan que nuestros sentimientos son, simplemente, las consecuencias inevitables de las cosas que nos pasan, que tienen “vida propia” y que no podemos hacer nada para influir sobre ellos, están equivocadas. Es decisión de cada uno de nosotros si queremos o no adentrarnos en nuestros sentimientos y, saber cómo nos pueden ayudar a vivir la vida que queremos.
Si usted ha decidido que quiere aprovechar este adiestramiento en las emociones, para aprender sobre ellas, para crecer, mejorar y cambiar, le invitamos a continuar leyendo.
¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar!
Recuerde:
Al hilo de los cambios en nuestra vida, nuestros sentimientos y la forma de sentirlos y expresarlos también pueden ir cambiando.
Las emociones forman parte fundamental de nosotros y nos pueden ayudar a:
» Comprender mejor cómo nos afectan las experiencias.
» Guiarnos para actuar de forma que nos permitan seguir por el rumbo deseado.
Las personas podemos aprender a:
» Conocer mejor nuestras emociones.
» Comprender su íntima relación con las experiencias y demandas de nuestra vida.
» Actuar ante ellas y, ante las experiencias que las han despertado, para que nos ayuden a vivir como queremos.
