

Después de levantarme esta mañana y desayunarme estas dos noticias que leí ayer y que intenté confirmar que no fueran «fake», no me queda otra que acudir al «refugio» de mi blog personal, y dedicarme a la reflexión. A la reflexión de algo que es difícil de digerir.
Hay dos formas de abordar el asunto de la vileza humana, la primera y la de menos uso es la que llega a través de la ciencia, en concreto de la biología. Personas como Jared Diamond y su libro ganador del Pulitzer, armas, gérmenes y acero; nos cuentan la verdadera y apasionante y brevísima aventura que es la evolución de nuestra especie en contraposición con la otra verdad, relativa y novelada, que han intentado vender los historiadores. La tesis o una de ellas, en lo que concierne al ser humano y sin darnos por fin tanta importancia, sostiene que todo tiene que ver con el instinto que poseemos íntegramente por lo que somos, animales muy listos, pero animales al fin y al cabo.
La insoportable realidad de estas noticias, sirven para reflexionar sobre la naturaleza del ser humano y los actos que pueden llegar a cometerse en situaciones tan extremas e inesperadas, como la que vivimos en la actualidad. La mayoría de las personas pensarán que ellos harían otra cosa, pero eso es pensar demasiado. ¿Quién podría juzgar a estas personas, sin haber estado en su lugar?.
Yo si, yo desde mi libertad de expresión creo que existe un límite para todo, un línea invisible, que no se debe cruzar, porque no solo de naturaleza esta hecho el ser humano, o la menos así lo entiendo, sino de naturaleza, pensamiento y voluntad.
Porque otra cosa bien distinta es aproximarse al asunto de la vileza humana a través de la ideología, la que tiene que ver con las experiencias vitales, con la pobreza, el maltrato, con la infancia, con el sistema económico o incluso con el partido político al que profesamos devoción. Pero aquí no valen las situaciones espontáneas o súbitas, cuando analizamos el comportamiento humano a través de las circunstancias lo hacemos porque hay una actuación premeditada.
Según Frank Capra, las personas somos buenas independientemente de nuestras vivencias, la esperanza del director norteamericano hacia nuestra especie es agradable y contagiosa, y lo demostró durante toda su carrera con obras maestras como Juan Nadie o Qué bello es vivir. En España la tradición es otra, la del pesimismo, por lo que veo, y, en ello está inserta la vileza del ser humano, la despreciable condición del ser humano, a veces.
Nos tocan días de consternación y reflexión acerca de la condición humana y la pandemia que nos asola física y psicológicamente. Vileza indiscriminada que protagonizan seres de la misma especie contra sus congéneres desprevenidos.
Hoy, nos interesa y nos preocupa lo que más nos duele: la insoportable crueldad del ser humano. No hay animal que sea capaz de perpetrar las salvajadas que cometemos con frecuencia los individuos. No digo que los animales sean mejores o superiores, pero en estas ocasiones su instinto se nos antoja más civilizado que nuestra nublada inteligencia.
Una inteligencia humana que fácilmente se deshumanizada y se convierte en un arma de doble filo, que nos pone ante la disyuntiva trascendental de elegir el bien o el mal. Inteligencia, voluntad y, por su puesto, libertad. Nuestras facultades y nuestras decisiones tienen un valor intrínseco, pero sobre todo tienen una repercusión que afecta a toda la especie y que conecta con el sentido de la vida y con una añorada eternidad, que nos aguarda en algún lugar.
Todo se andará, y todo llegará, pero sin empujar. Hoy cuesta mirar al cielo. Aunque cuesta más entender por qué yace una persona en una morgue improvisada, o alguien puede intentar expulsar de su casa a una persona, sobre la que a pesar de que, gracias a ella, puede tener tu despena llena, recae el mas absoluto de los desprecios.
La punzante imagen que se me representa al leer estas noticias y al ver los videos de respuesta, es ya uno de los iconos dramáticos de esta última tragedia de la humanidad. Una tragedia que lleva el sello inconfundible de la inexplicable brutalidad del ser humano fanatizado por el odio, la falsa religión, la nublada inteligencia y la escasa educación.