si comprendemos que la persona no se limita a lo puramente material y que precisamente lo caracterizan los estados de conciencia, la psique o la mente; normalmente ese primer pensamiento torna a la idea de que el aprovechamiento de la vida significa el mayor alimento posible del alma, lo cual, a su vez, se traduce en una mayor vitalidad espiritual; una mayor riqueza intelectual respecto a la juventud que, al contrario, mantiene un cuerpo más vital pero con un alma en proceso de formación.