
Al envejecer, igual que en cualquier otra fase de nuestra vida, no dejamos de sentir emociones, porque no dejamos de vivir y tener experiencias que dejan cicatrices en nosotros, buenas y malas (todas valen).
Nuestras emociones, nuestros sentimientos, son indicativos fundamentales y necesarios, que nos marcan que estamos en el mundo, que estamos vivos.
Aprender a conocer y comprender nuestras emociones, nuestros sentimientos, nos puede ayudar a vivir mejor y a disfrutar más. Conseguirlo requiere esfuerzo, adquirir conocimientos, cambiar la forma de pensar, desaprender, y, en muchas ocasiones, la de actuar.
Existe la costumbre de identificar emoción y sentimiento de forma unívoca, pero…., ¿son los mismo?, no. Y es por ello, que nos cuesta verbalizar, lo que nos provoca emoción, lo que sentimos, y a veces es porque los confundimos; cuestión, evidentemente intrínseca a la complejidad del ser humano, y esencia de lo que tratamos de desenmarañar, en el objetivo de conseguir comprendernos mejor a nosotros mismos, para avanzar.
“Sea usted el dueño de su atención. El precio de la libertad es la vigilanciapermanente. Recuerde que donde vaya su atención irán sus emociones y su energía. Donde ponga su atención se hará siempre más real para usted.”
MARIO ALONSO PUIG
Realicemos un sencillo ejemplo, para mayor comprensión: Experimentar una sensación puede comportar un estado de ánimo, y este puede venir por causas internas (nuestros sentidos) o externas, (alteraciones del ánimo).
Estas alteraciones del ánimo son las emociones, pero éstas por si solas no comportan un estado de ánimo, provocan una sensación, un sentimiento. Además tendríamos en las emociones otro componente distinto al de la simple alteración del ánimo que no es otro que el de la expectación ante la participación activa en algo que está ocurriendo (este aspecto nos interesará sobremanera en el proceso del envejecimiento, para ayudarnos a comprenderlo, focalizarlo en positivo, y sacarle todo el partido a esta etapa de la vida).
Muchos pensarán: …”bueno prácticamente es lo mismo”. Ahondemos en las diferencias: La emoción, mas o menos intensa que percibimos, siempre es pasajera, y en ocasiones, aunque siempre provoque una sensación, un sentimiento, no tiene porque llegar a conformar un estado de ánimo (el optimista siente sufrimiento, dolor, ante una sensación de tristeza: una mala noticia, por ejemplo, pero es difícil que eso le suma en un pesimismo per se). La sensación, el sentir, es mas perdurable, y si puede llegar a convertirse en un estado de ánimo, para modificar nuestro comportamiento, o definir nuestro carácter.
En definitiva, los sentimientos son el resultado de las emociones. La palabra sentimiento en un principio, se utilizaba para referirnos a todas las experiencias sensoriales y subjetivas. Actualmente los profesionales de la psicología la usan para designar las experiencias subjetivas que forman parte de las personas y que son el fruto de las emociones.
El desarrollo de la empatía es lo que nos permite, a las personas, poder entender los sentimientos de los demás. Los sentimientos pueden ser de corto o de largo plazo, pero generalmente suelen mantenerse durante largos períodos de tiempo.
La palabra emoción es un término genérico para referirse a la adaptación por parte de los individuos, a estímulos provocados, por personas, animales, cosas….La emoción está asociada con el temperamento, la personalidad y con la motivación de las personas. Los estados emocionales son causados por la liberación de hormonas y neurotransmisores, que luego convierten éstas emociones en sentimientos.
Generalmente, como apuntaba, las emociones son de menor duración que los sentimientos, y se ha estudiado científicamente, que son las que impulsan y motivan a que las personas actúen. Son mas intensas que los sentimientos, pero duran menos.

Si usted quiere hacer ese esfuerzo y dar esos pasos, si usted está dispuesto a mirar hacia adentro y hacer un viaje a través de sus emociones, ¡enhorabuena!.