Importancia de la educación intergeneracional.
En la «ardiente actualidad»: La mala gestión del COVID-19 en España

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Antes de comenzar mi post quiero aclarar que lo que voy a escribir, es fruto de mi reflexión personal, que soy el único responsable de mi análisis, y que lejos de tener mi análisis ningún sesgo político, intento describir una realidad basada en hechos, y que criticaría de igual manera, si el gobierno fuera de otro signo ideológico (ya lo hice con la nula política social de Rajoy, en su día, de rescatar a los bancos y no a las personas). Lo digo para aquéllos que tras su lectura (agradeciendo de antemano la atención) me apliquen algunos de los clichés que estamos viendo últimamente en contra del pensamiento único, tachándome de ultraderechista, aprovechado insolidario, ventajista, y/o, peor, me puedan aplicar la censura de la que tristemente me he hecho eco en algún post en mis redes sociales. Comencemos:

Cuando el trece de marzo se decretó el Estado de Alarma, al principio de la pandemia de coronavirus (COVID-19) no sabíamos cómo se iba a producir la narrativa de los hechos por parte de los medios de comunicación. Ahora que lo vamos viendo siento una tremenda decepción, que según pasan los días se torna en indignación por el papel que están representando los medios de comunicación, alentados en muchos casos por la incompetencia, si no mala fe de algunos administradores públicos y políticos.

Hemos pasado de las críticas en la gestión de las residencias (no puedo afirmar que en algunas hayas defectos, pero no se puede generalizar) a la velada, sutil y torticera velada idea, de que poco mas o menos son una “panda” de asesinos, a los que hay que aplicar responsabilidades penales de inmediato.

Todo esto comenzó cuando la ministra de Defensa, Margarita Robles, manifestó aquello de los “cadáveres conviviendo con ancianos” en residencias, algo que después resultó ser una descripción torticera de un hecho terrible, aunque puntual. https://youtu.be/ynbQdqpiKTk . Quizás con la aparente intención de obtener rédito político, de un ataque directo hacia la presienta de la Comunidad de Madrid, de como digo una tremenda tragedia, la propia UME desmintió éstos hechos. https://bit.ly/2XSaPKc

En estas circunstancias, el hecho de no haber dicho que los servicios funerarios estaban colapsados (lo que relato sucedió antes de que se pensase en convertir las pistas de hielo en morgues temporales) y que los cadáveres no “convivían”, sino que sencillamente estaban a la espera de ser recogidos, empezó a generar la idea de que las residencias estaban haciendo mal las cosas. En pocos días, si mirábamos el Telediario o cualquier otro noticiario televisado, acabábamos con la idea de que “si diez personas mueren en un hospital: es el virus; si mueren en una residencia: la residencia es sospechosa de estar cometiendo actividades ilícitas”.

Se creo una narrativa, a partir de ese momento, por parte de los medios de comunicación (y casi no he tenido que acudir a hemerotecas, hace cuatro semanas); iba a decir afines al gobierno, pero debería de decir, y quizás acabaría antes, cuáles no los son, en la que se nos contaba, que se habían dado instrucciones claras a las residencias, lo que, tras ponerme en contacto con algunos directores de residencias, se que es MENTIRA.

Dicha narrativa prosiguió por parte de los medios, haciéndose preguntas en voz alta directas hacia la ciudadanía que, a mi juicio, solo perseguían crear un clima de opinión pública contrario a las residencias, un ejemplo: “Si es cierto que las residencias están recibiendo material de protección, ¿por qué no se lo dan a los empleados?”; “si es cierto que hay unas instrucciones y una coordinación, ¿por qué siguen muriendo residentes y se concentran las muertes en esos establecimientos?”.

La realidad de esa funesta narrativa debería haber sido otra: Las residencias están haciendo un esfuerzo sin precedentes. Son establecimientos creados para ser sustitutos del hogar con cierto apoyo sanitario, pero no son establecimientos sanitarios. Nadie ha pensado nunca que sean lugares donde se confina o se aísla a nadie, sino lugares de vida donde se convive. Centros abiertos donde continuamente entra y sale gente. En estos momentos difíciles, vamos a pedirles que hagan un esfuerzo enorme y vamos a apoyarles con todo lo que podamos como hacemos con los hospitales.

Porque eso sí, a los hospitales, como no podría ser de otra manera, aún no teniendo material de protección, no han tenido este tipo de ataques feroces, ¿Porqué las residencias de mayores, si?. Es posible que se produzcan muchos fallecimientos en las residencias, pero no por su mala gestión, sino porque allí viven quienes son más vulnerables a la enfermedad, por eso vamos a intentar que las muertes sean las mínimas y las que se produzcan lleguen en las condiciones más humanas y dignas posibles.

Yo no he escuchado en ningún medio hasta la fecha decir nada de esto. Mas bien al contrario, y quizás ello no esconde mas que una triste realidad: “los mayores estorban, no son productivos”, “hay muchos y hay que pagar muchas pensiones que harán quebrar el sistema de bienestar”, etc…, mensajes que se repiten, “sentencias”, y que intentan desde sectores de lo público alimentar, para calar en la sociedad.

Eso si, si mueren en una pandemia, que sea bajo el prisma de la responsabilidad de otros, no por la falta de medios, instrucciones por parte del gobierno, etc., no vaya a ser que se descubra su pensamiento real, y sobre todo su estrategia política de cara a menoscabar al contrario.

La sociología, hasta muy recientemente, apenas ha prestado atención a las personas mayores y eso a pesar de que cada vez es mayor el número de años que transcurre desde la jubilación hasta el fallecimiento, hasta el punto de añadir a la tercera edad el término de cuarta edad.

¿Por qué la sociología clásica apenas ha prestado atención a la vejez? Primero, porque en el siglo pasado, el porcentaje de personas ancianas sobre la población total era escaso, es decir, la esperanza media de vida era sensiblemente más reducida que hoy en día, especialmente entre la clase obrera.

En segundo lugar, porque no existía la jubilación. Quien llegaba a viejo tenía muchas posibilidades de vivir en la indigencia. Finalmente, las teorías socio- lógicas clásicas se han centrado en el estudio de aquellos grupos que trabajan en la economía productiva y monetaria, lo que explica su incapacidad para analizar cabalmente la problemática de mujeres, jóvenes y mayores. En el caso de los mayores, además, existía el prejuicio de que eran conservadores.

Hoy en día las personas de edad son apartadas del desempeño de tareas que perfectamente podrían realizar, y esto, a pesar de que la realidad y la opinión pública parecen no compartir la idea de la inutilidad de los mayores. Y eso es lo que yo creo que se está tratando de cambiar con todo esto, el gobierno no mata, (daría muy mala imagen política), lo hacen las residencias por su mala gestión, y, a pesar de todo, ….nos viene bien.

Sabemos que el problema de la vejez no es estrictamente un problema biológico, médico o físico, sino que es, principalmente, un problema social y cultural; es decir, la vejez, su significado, es una construcción social.

Si en un principio la jubilación respondía a la necesidad de garantizar la subsistencia de quienes por razones de edad estaban incapacitados para trabajar adecuadamente, hoy en día esta idea carece de validez, dado que es cada vez más frecuente que las personas que se jubilan lleguen a la edad de jubilación en plenitud física y mental. Además, el índice de empleo de las generaciones de 55-64 años ha descendido desde la década de los setenta de modo significativo, por lo que el comienzo de la inactividad definitiva y la jubilación se desvinculan, hasta el punto de observar que los subsidios de desempleo o las prejubilaciones anticipadas se han convertido en una fase que conecta con la fecha oficial de jubilación.

Y sigamos con la narrativa torticera, viendo ejemplos de lo que digo: Como mi admirado Josep de Martí trata en su blog de dependencia.info; ¿No es noticia que unos familiares acosen, insulten y calumnien llamando asesina a la directora de una residencia?, sobre todo de las “jugosas” de las sensacionalistas. Para TVE (telediario del mediodía del 15 de abril) no lo es. Si lo es en cambio que unos familiares hayan acusado a la residencia de “tener más fallecimientos que los que son razonables” y trabajar con menos personal del normal. ¿Nadie le ha dicho a los redactores de prensa escrita y medios audiovisuales, que hay una pandemia que está obligando a hospitales, residencias y otros servicios esenciales a trabajar con una parte importante de su personal de baja?.

En muchos medios se repite, como un mantra ya cansino, que las residencias no informan a los familiares de los residentes del número total de contagiados y fallecidos. Para introducir subrepticiamente a la población el concepto de la “desinformación”. ¿Se han informado los redactores de esas noticias? ¿Saben que alguna comunidad ha dado instrucciones sobre cómo informar (a cada familiar y residente “su” información personal y a la administración los datos agregados)? ¿Ha intentado algún paciente de un hospital preguntar cuántos contagiados hay en ese hospital y cuántos fallecimientos? Lo más seguro es que le hablen de él, pero no le den ninguna información de otros pacientes. Eso da igual. Los medios hablan de desinformación en residencias.

Otra cadena pública, Telemadrid, 7 de abril, Telenoticias 1, saca un video con la noticia de un familiar que se queja de que tras la muerte no le han comunicado si su padre había muerto de COVID-19 o de que., y que los enfermos están abandonados a su suerte. El periodista que entra al directo dice que la residencia de “titularidad privada”…., Cualquiera que vea la noticia entiende que la residencia tiene algo que ver con a quién se le hace o no el test diagnóstico, nada se dice de que esa decisión la toma Sanidad en cada comunidad. En la web del Ayuntamiento de Madrid donde está situada la residencia hay un comunicado de Sanidad en el que se dice entre otras cosas que “En todo momento se han seguido los criterios de aislamiento, sectorización y protección que indican desde Salud Pública”.

Alguien me dirá que los medios también se han hecho eco de las residencias donde se han confinado empleados con los residentes para evitar que entre el virus, o de aquellas que están haciendo alguna actividad o iniciativa interesante. Son, sin duda cosas excepcionales y merecedoras de encomio. Pero, incluso en esos casos, se nota el sesgo negativo, como apunta ya en su blog, otra vez Josep Martí, con mucho acierto:

7 de abril, España directo TVE (enlace al vídeo en una entrada de Facebook), dan una buena noticia sobre una residencia en la que el virus no ha entrado. La presentadora empieza diciendo: “Pero no todas las residencias de ancianos han manejado mal la crisis del coronavirus, hay quien ha hecho bien los deberes…”.

Y puedo seguir con bastantes ejemplos más en éstos días, de ello por desgracia no tenéis más que abrir vuestro navegador.

Entiendo que ante situaciones como las actuales hay que informar con rigor, un rigor que exige la tragedia, y si bien es cierto que se puede hablar de fallos en los mecanismos de control y gestion de algunas residencias, no se puede en ningún caso hablar de la generalidad de las residencias y no se debe de confundir a la opinión pública, no se debe de mentir.

Y para muestra un botón. Aquí os dejo un enlace del presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia, Ignacio Fernández Cid, en la que relata en una entrevista para la COPE, que tienen grandes problemas para hacer ingresos hospitalarios y que no son responsables del colapso del sistema funerario, además afirma que no se facilitan medicamentos para atender a los mayores. ¿Esto es culpa de las residencias?

https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/noticias/federacion-dependencia-denuncia-cope-que-les-dan-medicamentos-para-atender-los-mayores-20200421_689068